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sábado, 4 de noviembre de 2017

OVIEDO

No es sólo este pestañeo de años atravesados en cada recuerdo,
ni echar de menos con constancia y fuerza lo que un día fue mi vida
y hoy ya no.

Saberse lejos de las colegialas
de las carpetas llenas
y las noches que duran dos días
y cien disculpas.

Entender que más allá del hoy no queda nada,
que detrás de mí
tampoco.

Tal vez la sospecha de haber sido feliz entre calles frías y oscuras
donde probé la coca
bebí sin lástima
y aprendí a mentir
con la cabeza alta y la mirada fija.

Tal vez la sombra de una errante certeza que me hace sentirme prescindible
en la misma ciudad que me hizo entender lo contrario.

Cuál es el camino ahora,
a dónde debo dirigirme
para huir
de la cruel verdad donde compruebo que vuelvo a estar demasiado lejos
de todo aquello
-aunque repetible-
irrecuperable.

Es como si incluso el recuerdo estuviera demasiado lejos
y de nada sirviera invocar a los dioses de la pena y los milagros.

Es
como ver un tren correr tras un cristal
y saber que tú vida va dentro
sin esperanza de regreso.

Como seguir andando por inercia y sinsentido
por lugares cotidianos pero ajenos
y lejos de quien siempre estuvo en ellos.

Supongo que solo tenga que domesticar la pena
para desanclar mi vida del pasado
y comprobar que deshacer los pasos no te lleva a donde quieres ir.

Seguir.

Dejar de ocupar un espacio que ya no me corresponde.

Subrayar las frases donde escribo:
La memoria es ese alfiler que agarra lo que quiere
y, a menudo, pincha.

Para entender, al fin,
con las lágrimas sobre el asfalto,
que no hay peor tortura
que obligarse a ser feliz
donde ya nada 

es igual. 

martes, 24 de octubre de 2017

A DURAS PENAS


“and i will go if you ask me to
i will stay if you dare”
Gregory Alan Isakov
Te quiero más allá de las dudas,
de las efímeras noches cargadas de miedos y vicios
donde no estás y apareces,
más allá de papeles e iglesias,
del éxtasis y la sequia
detrás de la costumbre y el conformismo,
a manos llenas
sin medida
desde el pulmón hasta el tuétano,
te quiero como si el mundo explotase mañana
y aun pudiésemos bailar la noche entera.
Y, todavía, me sabe a poco,
porque me faltan huevos para no hacerte daño,
la habilidad
para sentarme a tu lado y conseguir que todo encaje.

A veces
el amor no entiende la suma
y querer no es suficiente,
y tú me escupes los reproches que tantas veces he oído
y tantas quise evitar
y yo te juro que es la última vez que juro
porque te quiero,
y prefiero verte reír con otros
que llorar conmigo.

Y porque es duro admitir el fracaso de no haber cumplido con el único objetivo que me impuse:
hacerte feliz, no daño.

Y no sé si tras mi huida dejo los pasos marcados de una victoria
que cuesta asumir,
no sé cuál es el precio a pagar de una vida al servicio de la libertad
ni entiendo este juego de deseos y heridas
en donde se pierde más de lo que se apuesta,
es todo tan complicado
como mis pasos a las tres de la mañana,
tan doloroso
que no parece amor.

Sin embargo,
hay veces en que nos miramos como quien descubre la respuesta
o abre una ventana,
hay noches en que cambiaria todas las barras de bar
por un instante contigo,
y sé muy bien que todavía nos queda fe entre los dedos.

Pero no sé cómo hacer para no hacerte daño,
para no cometer más crímenes en el nombre del amor
y convertir el presente
en esas mañanas donde te hago llegar tarde al trabajo
por cinco minutos más de caricias.

No sé cómo hacerlo.

Lo juro.

Por eso, a veces,
desaparezco desconsolado y triste,
pensando que la libertad
tan solo es una palabra para echar de menos a alguien,
y me acuesto con el incansable eco de esa persistente duda,
y huyo
porque no se cómo quedarme
y lloro
porque no recuerdo sonreír
y tiemblo
porque me lo creo.

Otras, sin embargo,  me hago el fuerte,
discuto a gritos conmigo mismo y gano
asumiendo que alejarnos y echarte de menos
es quererte tal y como eres;
libre.

Y dejo que el viento se encargue de ti
mientras yo
a duras penas

soplo.


viernes, 20 de octubre de 2017

SOBRE CRISTALES


“La de personas a las que he hecho llorar desde que no te hago reír a ti”
Escandar Algeet


Echo de menos que ya no me eches de menos,
que no sea tu voz la que suene al otro lado de cada llamada,
el “fóllame, pero no me jodas” que me concedías con cada polvo de redención
y que ahora me suena tan lejos que ni siquiera escucho.
Me resigno a aceptar mi muerte,
-seguro que el mundo aun brilla sin ti- pienso

y en este falso y tardío intento de olvidar
vuelvo a engañarme.

Culpo a cualquiera antes que a mí
de esta vida tan cuesto abajo y resbalando que yo solo me busco
tantas veces,
tantas noches.
Y bailo sobre cristales
porque siempre fue mucho más fácil parecer feliz
que serlo.

Desde que me acuesto solo me faltan razones para dormir
y me invento cualquier excusa para no hacerlo.

Hace tiempo que no sé
si bebo para olvidar
o porque ya te olvidé, hace tiempo.

Vuelvo a estar tan perdido como mi mirada a las tres de la mañana,
tan confuso y desorientado
como un perro sin casa ni dueño.

Porque hay silencios que duelen más que cualquier palabra
y espejos que te advierten que no llevas buen camino,
que ya va siendo hora de empezar a cuidarse.
Y hay noches en las que no sé cómo deshacerme de esta soledad acusadora
que se ríe y me señala,
que me obliga a colocarme para olvidar mi pena
y más tarde vuelve para cobrármela con intereses.
Y hay días en los que vivir resulta una obligación demasiado exigente,
en los que no estoy a la altura del guion,
ni siquiera para estar triste.

Me cuesta aceptar que no estarás detrás de mi día a día,
ver que los coches ya no reflejan nuestra silueta  en sus cristales
y que la vida, a pesar de eso, avanza,
pero imaginarte feliz y lejos me ayuda a entender por qué lo hiciste,
lo de marcharte.

Y será que hay veces en las que el mundo me parece un lugar horrible si no me despierto contigo, y que hace demasiados ojalás que no lo hago,
lo de ser feliz.

Será
 que suele ser más fácil llorar que explicar por qué lo haces.

Así que me callo,
tiro los papeles donde escribí que te echo de menos con ilusión de suicida,
abro una cerveza,
acaricio a mi perro,
y, poco a poco, me voy acostumbrando al daño, aunque siga sin entenderlo.

Dejo de engañarme imaginando que tú también piensas en mí
pero no te atreves a llamarme.
Asumo que no me buscarás tampoco esta noche, 
que no hagas, siquiera, el amago de quererme por compromiso
y vuelvo a quedarme en silencio.

Porque prefiero callarme, mi amor,
a pedirte que me quieras.
Tú me lo enseñaste:

el amor, no es ninguna exigencia.


domingo, 15 de octubre de 2017

MEMENTO VIVERE


Vivir como quien no duda, quiero.

Atravesar la densa estepa de los días donde el sol no existe
con la digna alegría del que sueña en alto
y se atreve
a atreverse.

Vivir quiero, aunque me esté muriendo,
aunque en este intento de intento  me muera
quiero vivir sin miedo, bocabajo y de costado;
a bocajarro.

Pulir los llantos hasta hacerlos mármol,
besar el cielo hasta hacerlo mío.

Y no entender nunca que el camino se acaba,
que un día no hay día
y la noche se alarga demasiado,
que no volverá la tristeza a llamar a tu puerta,
ni el hastío
ni el miedo,
pero tampoco el amor,
ni el sueño,
ni el morbo,
que ya no habrá nada que temple tu ira
y habrá quien te piense como un héroe o un mártir
y no podrás siquiera decir lo que fuiste
defender tu papel de héroe o de mártir,
decir a los tuyos; No llores mi vida
porque no habrá vida que sustente tu voz,
ni voz en tu vida.

Por eso quiero vivir
con el ansia en la sangre
y dejar de luchar por nada
que no valga mi tiempo
estrujar los segundos como un fruto podrido
y meter mano al mundo
sin que se dé cuenta.

Olvidar, un instante,
que no somos nadie,
que, a veces, la vida se torna imposible
áspera
insalvable
y el planeta se tiñe de añil
y la amarga verdad que el espejo te escupe ya no te convence.

Vivir quiero,
y olvidar por un trago
que vivo con miedo,
agarrar esta vida
como si fuese la última
y caminar erguido
con decisión y sin dudas.
No transitar por la falsa idea de perseguir una vida
que, a veces, no es mía,
sino vivir
como los que viven
y sueñan
y abrazan
y cuidan sus plantas
y van al gimnasio,
aunque no duerma
ni entienda de flores
ni abrace en exceso
y tenga más afición a los bares que a las pesas.

Quizás demasiada demanda
para un camino tan corto
pero no me conformo con menos,
vivir a medias
sigue siendo un suicidio pactado,
un desgarro,
un insulto.


Y no quiero eso.

Quiero vivir
sin que eso me duela,
es simple mi rezo.
Y cuando la muerte venga  por mí
hacerme el vivo

y esperar su ausencia.

miércoles, 4 de octubre de 2017

LA BÚSQUEDA

Te busqué más allá de las mentiras
que yo solo me inventé para olvidarte,
en las espídicas noches donde me deslizo al filo de una navaja
cada vez más oxidada,
en el fango,
en las ventanas abiertas
y en  las miserables camas abandonadas que dejaste a mi lado.

Vuelvo a no hallar consuelo en nada,
a convencerme de que es mejor estar perdido
que perder,
y destapo la miseria a manos llenas,
descubro la amarga verdad amotinada bajo esta sábana sucia
repitiéndome uno a uno
cada error.

Pero no te encuentro en ninguno.

Mi acierto más fracasado,
mi lágrima más feliz,
ahora que te he perdido del todo
y para siempre
es cuando puedo pronunciar las palabras que siempre callé.

Comprobar, de nuevo, el tacto insumiso y tierno
de la soledad abrazando mi cuerpo sin ti,
no encontrar rincón ni trinchera donde poder llorar a gusto
y descansar de la tiranía de la felicidad
rendido y entregado a la tristeza más pura.

Ahora que me sé juez y reo
de esta culpa tan nuestra
y de esta herida tan mía.

Me abandono una noche más
como quien espera a la muerte
a sabiendas que detrás de la búsqueda
tan solo hay miedo de encontrarme a mí mismo

y esperanza
de que en el hallazgo

ya no sobrevivas.


jueves, 7 de septiembre de 2017

HÉROES

No sé si era jueves
pero podría serlo.

Era verano, año 2009.

Yo conducía el viejo Citroën granate de mi abuelo
con dos bolsas de marihuana en la guantera
The louk en los altavoces
y ningún carnet en el bolsillo.

Venía de follar con una chica
a quién nunca miré a los ojos.

Pensando en gastar el dinero
que aún no tenía
en un collar para mi madre con forma de disculpa
-sin arrepentimientos
pero sincera-
por otra cagada que nunca acepté.

Y aún creía que vivir era eso;
jugar a los dados con el riesgo en cada esquina
sin más miedo que la muerte,
y ni siquiera.

Que la historia era distinta lo comprendí después.
Después de las deudas y las decepciones,
de las mentiras,
de las multas.
Después de las lagrimas,
y los delitos,
de las peleas y los gritos.

Acabé con esa escena de John Fante
en donde protagonizaba la presuntuosidad de un chaval disfrazado de héroe callejero,
el drama de un buscavidas invencible,
aunque a veces la reviva.

Y no hizo falta una palabra para entenderlo,
sólo el silencio,
tiempo,
y la soledad vengativa que deja tras de sí una vida al borde del abismo.

Lo realmente heroico no era jugarse la vida conduciendo a toda hostia y sin dirección
sino mantenerse en pie
admitir que estás profundamente perdido
ser honesto
pagar facturas
pedir perdón
aceptar errores
resistir los golpes
agradecer la vida
sonreír 

y hacer las cosas bien
al menos


por una vez. 

martes, 5 de septiembre de 2017

REINCIDENTE

“No hay pues mujer más sola,
más tristemente sola,
que la que quiere amar a un hombre triste.”

Piedad Bonnett

La vida se me cae a pedazos en el eterno tiritar de miedos que ya no me asustan,
pero molestan.

Yo que siempre tenía una sonrisa a mano para cualquiera,
un beso dispuesto y sincero a entregarse
y las absurdas ganas de salir al ring hasta que muera,
y ahora
me sofoca el cansancio repetitivo de mi memoria al primer suspiro,
me embarro en el infinito bucle de errores sobre el que camino
y soy incapaz, siquiera, de pelear por mí mismo.

No sé desclavar los fracasos sin sentirme culpable,
y me acojona convertir en rutina las ausencias,
observar desde el palco mi vida destruirse,
olvidar que un día supe cómo hacerlo bien.
Antes
de las faldas y los porqués
de las mentiras y los silencios.
Antes, incluso,
de las promesas y los excesos.

Claro que no quiero esta vida descarrillada,
este desfile de tropiezos y desencuentros
en dónde salgo más noches que la Luna
y me pongo más días que el Sol,
pero no conozco otra forma de salir del error
que no sea cayendo en otro más grande.

Sería más fácil si comenzara admitiendo que estoy profundamente perdido,
que hace tiempo que me encuentro mejor en los bares
que en la cama,
y que las únicas certezas que advierto siguen sin gustarme demasiado
porque son excesivamente sinceras
para todo lo que me autoengaño.

Ojalá supiera capear a la tristeza,
evitar las lágrimas
y enfrascar un poco de esperanza
para cuando nos vengan mal dadas.  

Necesito salir de este laberinto de espejos y miedos
empezar reconociendo que, de nuevo, me equivoco,
que no tengo ninguna explicación para toda esta tristeza, pero pesa.

Y lo siento
si vuelvo a quedarme sin palabras,
si no cojo el teléfono otra vez
y huyo de los problemas que yo mismo provoco.
Te prometo que trato de hacerlo de bien,
y te prometo, también, que te quiero,
por eso me alejo
pero no abandono.
Nunca se me dio bien ser libre y feliz al mismo tiempo.

Supongo que estás cansada también de eso,
y lo entiendo.

Por eso me escondo
sin casa, ni dirección,
con lástima y remordimiento;

porque ya he aceptado que mi vida es una mierda
pero jamás permitiría
que eso ensuciara


la tuya.