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miércoles, 14 de febrero de 2018

INFIEL

Aquellas noches de invierno
que ya eran días,
cuando llegaba
escondido tras mi sombra
borracho
e inútil
a una habitación donde tú aún descansabas,
-seguro de mi-.

Me acurrucaba
mudo
y sutil
a tu lado
ahorrando con mi silencio
una explijcación innecesaria
y un reproche obligado.

Luego
miraba tu espalda,
desnuda y tardía,
y pegaba los restos de mi cuerpo al tuyo
imaginando
que justo ahí comenzaba mi noche
y no
dos polvos y un día

atrás.



domingo, 4 de febrero de 2018

OBLIGACIONES

Nunca quise ser escritor.

Luego vino ella,
posó su bolso sobre la barra,
miro mis ojos perdidos, sonriendo,
y se alejó
dejando una vida pendiente.

Y no tuve otro remedio.

lunes, 29 de enero de 2018

CÁDIZ



Conducíamos hacía el sur,
mano sobre mano,
con el sol quemando el capó del coche,
un puñado de sueños,
y el cd de Ismael que me regalaste.

Yo era feliz.



Y tú, casi un milagro.

viernes, 19 de enero de 2018

CARTA DE BIEN(DESPEDIDA)

Lo más difícil, en estos casos, siempre es saber qué cosas se quedarán fuera de la maleta, no dentro. Qué libros son los imprescindibles, qué CDs podrían soportar quedarse abandonados en un rincón de la habitación o qué fotos descolgaré del corcho para que me acompañen. 
Hace unos días, Saúl, me decía que la vida es un cúmulo inevitable de despedidas. Y supongo que, como siempre, llevaba toda la razón consigo. Despedirse no deja de ser algo ineludible, muchas veces obligado por las circunstancias, otras, como ahora, provocado por uno mismo. El caso es que nada permanece estático e inalterable. Las personas vamos dando tumbos por el mundo, perdidos pero seguros, chocando los unos con los otros, encontrando y perdiendo, perdiendo y encontrando.. y muchas veces, la mayoría, sin saber muy bien hacía dónde vamos o detrás de qué. Cambian los hábitos, las costumbres, los paisajes, e incluso, a veces, la forma de sentarse a afrontar y entender el mundo. Y está bien que así sea. Está bien que todo sea susceptible y vulnerable, que haya caos y desorden, que nos equivoquemos mientras a nuestro alrededor todo se mueve sin sentido aparente. Porque la realidad es que absolutamente nada es seguro, todos somos prescindibles y tarde o temprano desapareceremos, o nos mudaremos con la música a otra parte, dejando por el camino, con nuestras ausencias, huecos profundamente hondos e irreemplazables. Y cuanto antes lo aceptemos; mejor. Porque creérnoslo nos obligará a dejar en los margenes de nuestra vida las cosas sin importancia, y a valorar el presente y sus circunstancias como el regalo que realmente es, sabiendo que por muy fuerte que nos agarremos los unos con los otros, llegará un momento inevitable en el que los brazos se tengan que soltar.
Es descarnador si ponemos las miras en todos esos detalles que se quedan atrás. Incluso al ser más vivo sobre la tierra le desconsolaría detenerse a imaginar cómo gira el mundo sin él mismo.
En mi caso, no me despido eternamente. Es simplemente un "hasta luego" o un "nos vemos pronto", endulzado con la alegría de perseguir algo que busco, pero necesariamente triste, porque no deja de ser algo agridulce decir adiós mientras te miran los ojos que amas. Y cuando miro por el retrovisor es inevitable no ver el reflejo de todo lo que se queda aquí, aunque lo lleve conmigo. Es duro imaginar a una madre asomándose, llena de tristeza, a una habitación ya vacía, a un amigo pensando en lo mucho que hubiera disfrutado en la fiesta a la que le invitaron, o a mi perro, incomprendido, olfateando mi chaqueta olvidada en el salón, con lástima e inocencia.
Pero es aliviador, hasta cierto punto, saber que las cosas que se van están dejando hueco a lo que sigue. Y todo sigue.
Yo me voy, un año, lejos de España, rodeado de mar y bajo el mismo sol que nos ilumina, pero con algo más de fuerza y persistencia. Me voy porque a veces, la vida, te exige saltar o sentarte, y yo sólo estaba esperando el empujón necesario para marcharme, y porque no me perdonaría renunciar a lo que quiero por lo que tengo.
Me voy, después de un año maravilloso y sin grandes derrumbamientos emocionales haciendo balance de lo que dejo y lo que vendrá.
Me voy felizmente triste. Porque os veo abrazarme en silencio. Decirme frases lapidariamente alegres. Mirarme con cariño, aprobación y lástima.
Sabiendo que cuanto más sonría yo menos llorareis vosotros.
Y me voy, como siempre, sin saber cómo despedirme de las cosas que amo, para que Saúl me diga:

-Esas, nunca se despiden.

jueves, 18 de enero de 2018

FALDAS

Rojas, colegiales, cortas, vaqueras, rotas, a cuadros, desilachadas, largas, con rayas, verdes, de cuero, finas, de encaje, a medida, minis, transparentes… Y sigue siendo sobre el suelo, a los pies de la cama, como más me gustan.

miércoles, 10 de enero de 2018

LAURA

Desperté
con el eco de sus tacones
y el portazo que le siguió.

En el salón
aún restos de mi ropa
cena fría
y latas de cerveza.

No llegué a encontrar
besos pendientes a mi nombre
números en servilletas
ni post it con datos reveladores.

Se llamaba Laura
odiaba los gatos
amaba la Voll-Damm
y tenía las piernas más sexys de toda la ciudad.


No fui capaz de seguirla
por el miedo a encontrarla de verdad,
pero aún,
desde entonces,
y tres meses después
sigo mirando al suelo mientras camino

buscando
las piernas más sexys de toda la ciudad.




martes, 9 de enero de 2018

BALAS

Olvidar
es el consuelo de los rendidos.
Y no sé cómo decirte que aun cabes en algunas noches inesperadas
donde  apareces
como en mitad de una fiesta a la que nadie te invitó
y me ofreces un trago
y te acercas por detrás, pasando de largo,
para volver a dejarlo todo como después de la batalla, sin ni siquiera despeinarte.

Y no sé si es una lluvia de cristales
o un baño de espuma
lo que dejamos pendiente,
pero hueles tan bien como gardenias en los balcones
y arrojas esa luz
cálida y confortable
a bocajarro
contra mis miedos.

¿Sabes? Tengo una vida maravillosa,
pero hay veces en que me ciega el odio de no entenderme
y soy incapaz de andar más allá de la alambrada que me construyo
sorteando las minas que yo mismo he sembrado,
y todo se emborrona
y no hay renglón ni línea que me consuele
ni distraiga a esta ansiedad tan centrada en destruirme
y acerque a mi orilla
un gramo de esperanza.

Y ni con esas me rindo.

Abro otra botella
subo la música
y amago otra zancada con seguridad
hacia quien sabe donde
siguiendo a los pájaros que anidan mi cabeza.

Aún me quedan muchas batallas por librar
nuevas perchas donde colgar mis fracasos
viejos  recuerdos para ir tirando.

Me resigno a no escribir detrás de los puntos finales,
a condenar al polvo nuestros errores,
y acojo con felicidad cada goteo de sombras que me envenenan
para volcarlo en la cerveza que me ofreciste.

Olvidar
es el consuelo de los rendidos

y el odio

su última bala.