miércoles, 25 de marzo de 2026

Esto también pasará II

¿Y qué
si este es mi segundo,
mi último segundo
sobre este lodazal?

Que enrollen las estrellas,
que apaguen la noche
y cierren con llave.

Me iré
sabiendo que,
de entre aquellas cosas que entiendo,
no está mi dolor:
ese agujero
en forma de cremallera abierta,
desabrigándome,
dejándome inútil y vacío
al filo de la duda.

No está la certeza,
ni la apuesta,
ni el susurro
de una verdad que complazca;
que todo brillará de nuevo,
que el amor se consolidó,
que puedo ser feliz.

Tampoco está
la renuncia de lo irrefrenable,
solo la aceptación
y los nervios rotos.

Salgo de la cama,
me apoyo en el balcón
y, besando los pies de la noche, fumo
impaciente
los restos de un día amontonado sobre otro
hasta que el Valium me duerma.

Pienso
en quién pudiera
abrir las piernas al día
con la inocencia y la ilusión
aún intactas.

Sonrío.

Ahora,
que de los sueños
solo quedan ojeras,
sigo abriendo la ventana
cantando a mi Sabina,
acariciando el lomo de Kira
cuando la vida se pone dura
y asusta.

Vuelvo a la cama
cierro los ojos.

Esto también pasará.
Esto también pasará.
Esto también pasará.

Lo digo
como quien deja caer un cigarro
sobre un bidón de gasolina

y espera.

miércoles, 14 de agosto de 2024

Esto también pasará.

Hace un año deseaba estar muerto.

Me vi sumergido en una inagotable oscuridad donde era incapaz de explicar qué me pasaba y porqué.

De aquello, recuerdo poco y difuso; La persistente sensación de vacío, la fragilidad de una mente tan desacostumbrada al miedo, la cabeza rota y yo tras ella. Arrastrados hacia días largos y oscuros que sucedían a días largos y oscuros que sucedían a días largos y oscuros que sucedían… 
Supongo que cuando estás en el epicentro del vacío es imposible encontrar orillas a las que agarrarse. Te sientes como en mitad de un mar tan lejano de absolutamente todo que asusta. Y, mientras a tu alrededor la vida pasa, tú te vuelves más frágil, más aterrado, más solo. Oyes disparos, pero vienen de dentro y eres incapaz de pararlos. Es imposible que puedas ver, sentir y pensar en las cosas como lo hacías antes. Abandonas tu cuerpo a un puñado de pastillas y te cuestionas de forma obsesiva cuánto más soportarás así. 

Te alejas de todo, de todos. Intentando encontrar la grieta por donde entra la luz pero sin fuerzas para abrir los ojos. Nadie lo entiende y tú eres incapaz de explicarlo. Te aterra tanto hablar que prefieres el silencio a la justificación, la distancia a la comunicación, la ausencia al enfrentamiento. Te miran desde la lejanía y la confusión y sientes que aquella persona que un día fuiste, risueña y feliz, nunca más volverá a existir. Ahora te has convertido en una sombra que ni siquiera ves. No puedes darte cuenta por dónde sopla el viento que te hace daño porque ya formas parte del huracán. No sabes. No entiendes. Te abandonas al correr del tiempo sin la esperanza de que vuelva a conectarse el cable que falta para que todo vuelva a funcionar como antes. Y la pregunta que más te haces no es por qué, si no hasta cuando. 

Cuánto durará el miedo a vivir. Cuánto resistirá un cuerpo esquelético el interminable goteo de pensamientos obsesivos y químicos. Quién ganará ese juego al desgaste. Qué dejo atrás si me muero. Porque supongo que cuando la mente quiebra sólo te quedan dos caminos; dejarse morir o apuntalar la casa hasta que se convierta en un lugar seguro.

Y, de alguna extraña manera, sigues. Porque aunque ya no te importe nada ni tengas ánimo ni fuerzas para seguir y los nervios estén rotos y todo se inunde de hastío y desasosiego hay personas que aún te acompañan y creen en ti.

Así que, volví al mar, acaricié a Kira, escribí otro libro, me dejé cuidar y estoy aprendiendo a saber pedir ayuda. Voy quitando el miedo a vivir; a conducir solo, a estar lejos de casa, a entrar en un supermercado y no querer salir corriendo y a rodearme de gente y ruido sin el temor a que todo se apague. Ya voy volviendo a ser cada vez más yo y menos un cadáver lleno de ansiedad, pánico y angustias.

Ahora me baño en el mar, leo a Ray y a Gloria, resuelvo crucigramas, vuelvo a los montes, trepo paredes, empiezo a notar los abrazos y sonrío cada vez que me acerco a la vida. Y, aunque a veces siga sin encontrar la luz al reverso de la nube negra, cada vez hay más momentos en los que tengo la completa certeza de que bien merece la pena estar vivo.

A pesar de todo.

sábado, 28 de enero de 2023

LAS AUSENCIAS

"Come in, she said

I'll give ya shelter from the storm"

Bob Dylan 



Echo de menos la libertad, el crepitar 

de un calor que ya no siento desde hace tiempo. La vida 

cuando era vida. 

Aquella época sin banderas ni destino. La sangre

en las rodillas. El respirar sin miedo a ahogarme. 


Alejarse de un hogar

en busca de una casa donde poder ser uno mismo. Acelerar 

sin el menor titubeo, con la prisa en los bolsillos,

con el ansia de llevarse la vida por delante -como diría Jaime-

y encontrar palabras que rezan esperanza, huecos 

por donde atajar un par de palmos al destino, labios

que supieron mirarme. 


Ahora, sin embargo, escribo desde el golpe, desde la oscuridad  y el fondo. 

Y supongo que soy feliz cuando no pienso en ello;

La vehemencia de los años atravesando el tiempo

abriendo paso al resto; 

el polvo sobre mi herida, la depresión las pastillas, 

el duelo. 


Las lágrimas que no lloré 

queriendo creer 

que escribir me salvaría. 

Las mujeres a las que amé 

y no supe evitar el daño. 


El padecimiento devorando la esperanza. 


Siento 

que ya no estamos todos y a todos 

nos falta algo 

y es triste 

tanta tristeza. 


Se alejan 

los recuerdos de un patio lleno de perros, mi abuela 

ordenando las flores, el olor 

a campo abierto. 


Y comienza a resultar cansado nadar sobre el barro, buscar en los espejos 

el perdón 

y no encontrarse. 

Ahorcar palabras en busca de sentido, a modo de supervivencia. 


Toca

aprender a masticar los cristales del tiempo, convertir 

estos días de sombras en un lugar habitable. 

Entender, supongo, el camino 

las goteras del llorar, el miedo. Creer, al fin, creerme, 

que tras el reverso de esta nube negra 

hay luz,

la misma luz,

cálida y amable de una bienvenida 

la misma luz 

con la que empiezo a calentar mis manos 

tan cansadas ya 

de escribir tan sólo 


ausencias. 


lunes, 7 de noviembre de 2022

EL RELOJ

Todas las noches, justo antes de dormir,
miro el reloj de oro y plata que siempre presumías en tu muñeca.  

Un reloj buenísimo, decías. 
Marca Omega 
esfera blanca, sin iniciales. 

Lo miro ya huérfano de tu mano, inútil 
sin elogios. 

Y cada vez que leo a Lóriga 
o al bueno de Kundera 
él espera, tranquilo sobre la mesita,
retórico
invencible. 

Y me devuelve la mirada 
con su tacto imperdonable
recordándome la victoria del tiempo frente a la piel
dejándome 
los ojos clavados en el monótono bailar de sus agujas 
obligándome a asumir 
el estúpido desgarro 
de ver como la vida avanza

mientras él -mi abuelo-

su amo

ya no. 

miércoles, 17 de noviembre de 2021

MORFINA

Tu recuerdo tan lleno de sitios comunes que resulta imposible 

sortear la fragilidad del vacío que dejas. Te veo 

sentado en El cristuco, paciente 

y cansado 

de arrastrar unos pies que ya no pueden 

pero pudieron. 

Estás aquí, sacando la lengua 

tras cada fotografía 

exclamando en silencio  

que tienes miedo a morir. 


Aprietas contra tu pecho mi mano y me miras

con orgullo y nostalgia, 

-como miran los exiliados a través del cristal-

justo antes de olvidarme y confundir mi cara con una sombra 

capaz de arrebatarte el pulso. 


Te duele. Y arqueas la espala 

fatigado de luchar contra lo invencible. Lleno 

de un tumor al borde 

de asfixiarte. 


Intento domar el dolor, ser el hombre 

que hubieras querido que fuera, aguantar 

las ganas de llorar 

cuando te veo correr en dirección contraria a la muerte y me pides ayuda

como si yo,

iluso,

pudiera salvarte. 


Cargo 

la jeringuilla con el miedo a equivocarme 

con el temblor inexperto de quien no sabe

si el coste de callar el dolor 

merece la pena. 


Y duermes 

cada vez más, sueñas asustado

con el hermano que se mató y cuervos 

sobre la pared del cuarto.  

Me agarro 

a tu mano 

como al último clavo ardiendo. 

Incapaz de asumir 

que aun estás aquí.


Aunque ya no.


Aunque ya nunca. 





miércoles, 30 de junio de 2021

LO IMPOSIBLE

 Sonaba Antony and The Johnsos,  hacía eco

el batir de unos vencejos sobre nosotros. 

Cómo es tu nombre ahora 

qué te trajo esta vez por aquí, en qué piensas

cuando sientes miedo y te encuentras sola. 

Aun hueles a océano y piedras blancas, y arrastras,

aunque no lo creas, 

un halo de esperanza en cada minúsculo gesto que dejas escapar. 


Qué contar que no sepan los astros. Si, a veces, 

te vi volar sin dejar huellas, escapar 

del ruido enfermo 

de un teléfono que no suena, reír 

como quién al fin lo comprende todo. 


No te seguí. Y puede que me equivocara 

buscando los pasos lejanos 

hacia un lugar que ya no existe. Tratando 

de evitar un golpe inevitable contra ese muro de la cotidianidad. 

Pero confiaba tanto en que la sangre no llegaría a nuestros pies 

que olvidé mirarte a los ojos. Creí entender 

que lo entendía. Y ese fue mi error. 


Al final, todo encaja cuando ya no importa. La nieve ha ocupado mi camino

y tantas resacas después, llega un tropiezo cualquiera 

a ponerte frente a mí

como un tortazo de manos frías. 

Para contarme

una vida tan ajena 

a todo lo que conocí 

que es normal que no me encuentre,

que no vea las cadenas 

aunque pesen y duelan como dolió perderte.  


Supongo que así ha de ser a partir de ahora. 


Entender, tan tarde y torpemente 

todo lo que no supimos entonces, cuando 

aun había esperanza,

cuando aun 

temblaba el suelo por cada paso en falso 

y morían a puñados lagrimas sin ganas de salir . 


Reconocer 

que aun cuando siquiera quedaba herida por sanar 

no dejé de hacerme daño, 

como un mártir enamorado de la tristeza, alargando 

hasta el limite 

hacía lo más hondo y lo menos común 

ese amasijo de penas que me regalaste.


ahora, te doy las gracias también por eso. 


Y hacerme entender otra vez

de nuevo

que siempre nos gustó

regar piedras 

esperando que florezcan. 

sábado, 5 de diciembre de 2020

KIRA

 Nunca buscó una casa grande con jardín 

y arboles bajo los que acostarse. 

No quiso el piso con más metros cuadrados, la piscina 

las vistas al mar

las sabanas de franela. 


Aceptó más que servida lo que vino. Y corrió 

por donde pudo. Porque nunca le importó vivir bajo un palomar o bajo este techo 

sobre el que duerme, 

sólo que una mano amiga la comprendiera, adivinara 

la luz que hay en su alma, la bondad 

tan pura 

y limpia 

con la que existe sin pretenderlo. 


Alguien 

que fuera hogar porque él habita 

y no a la inversa. 



NADIE

 Sin nada que asumir tras la pérdida más que la propia pérdida. 

Acepto, como un castigo merecido, cada estúpida lágrima 

y cada estúpido paso 

con los que me fui alejando, seguro

de que habría un lugar mejor

mas claro y puro. Un sitio

donde respirar no fuese un acto de fe como hasta entonces

y largas praderas verdes se extendían ante nosotros, llenas 

de perros y flores 

como las que nunca me atreví a regalarte. 


Qué simple parece todo cuando ya ha pasado

y tres cervezas de más no harán que lo olvides. Qué rápido 

el consuelo de los desconsolados. La rabia sorda 

de quien ya no quiere oír sus propias mentiras.  


Pero aun queda, en la periferia del dolor, cosas que entender

aunque evite asumirlas. Palabras por decir 

para poner en el lugar adecuado la memoria del amor. 

Debo recordar, entonces, qué mutiló la pálida esperanza que nos envolvía, 

aunque suponga aceptar 

que ambos fuimos alfareros de un dolor que no evité. Saber,

sin compadecimiento ni pena, sin renuncia 

ni rabieta

contra lo inevitable,

que todo ha terminado. 


Así funciona esto. Perdernos 

también era posible  

entre tantos sueños. 


Y ahora, que no estás y yo me he ido. 

No queda  más que asumir que tras la perdida tan sólo queda

este pánico  insalvable

este desconsolado llanto 

que nace al entender 

que tras la pérdida 


no hay nada. 


jueves, 3 de diciembre de 2020

ADIÓS

Será que no hay forma de decir adiós que no duela. Que para que otros lleguen alguien se tiene que ir. Y esta vez, soy yo.
Yo, el que agarra casi sin ganas los asas de esta maleta donde no me llevo más que vida y combustible. Yo, el que camina firme pero confundido hacía no sabe dónde ni porqué.

Y aunque no sea la primera vez que nos despedimos, cualquier adiós te vuelve a convertir en amateur si lo que deseas es quedarte. Aprietas fuerte en los abrazos, tiemblas, sonríes, recuerdas, lloras. Y comprendes ,que el futuro son los pasos que aun te quedan por dar.


domingo, 15 de noviembre de 2020

CON LOS OJOS ABIERTOS

Claro que llegó el tiempo 
a poner la piel sobre la herida. Y pasaron mujeres 
fugaces
como confeti entre tus bragas. 

Y hubo silencios 
tan profundamente hondos 
que no supe ocupar. Ojos
clavados a una fotografía descorchada. Flashbacks,
como disparos de la memoria, recolocándome a dos calles de ti. 

Hace más de un año que no te veo y aun me asusta imaginar la casa llena. 
Como si, de alguna extraña manera, estuviese -todavía- esperando al olvido esta soledad, 
y no acabara nunca de llegar. 

Y claro que me asomo al mar, de vez en cuando, y todo parece alejarse. 

Es sólo este arrogante ego
incapaz de aceptar la pérdida de lo inevitable. Esta rutina 
de noches amontonadas 
tan lejos ya de convivir aquí. 

Apenas te pienso. 
Respiro como me enseñaste
y, dos veces al día, recuerdo que estoy vivo. 

Miro el regazo tranquilo de los años
pasando como piedras sobre nosotros, sepultando
todo lo que en algún tiempo soñamos conseguir.

No queda nada de aquellos en este reflejo. 

Y si duele, es 
porque creía en ti 
como se cree en los sueños.  

sábado, 5 de septiembre de 2020

AEROPUERTO DE MILÁN, TERMINAL 3

 Llevaba un rato mirando cuando se dio cuenta 

y sonrió. 

Era igual que mi abuela. 

Con su mirada profunda y cálida, esa forma 

de estar en el mundo con alegría y ganas 

de seguir en él. 


Se daba aire con la tarjeta de embarque. Miraba a sus nietos 

complaciente 

tras el trabajo bien hecho. 

No decía cuidado, te caerás, sino levanta y lucha

Esperaba tan paciente

tan bien puesta. 


Era igual que mi abuela. Misma pose. Misma ternura. Mismo resultado. 


Igual es ella -imagino-. 

y lleva más de diez años perdida entre aeropuertos 

sin saber cómo volver. 


Vuelvo a mirarla. Intuyo su perfume 

esparcido en el escote. La risa 

entre sus frases. Las piernas 

torpes y quebradizas sobre las que descansa el bolso, seguro 

lleno de cigarros y carmín. 


Me mira. Lloro. 


Era igual que mi abuela 

si no estuviese muerta. 


lunes, 17 de agosto de 2020

PAZ

 No sabré quedarme. Por mucho 

que apriete contra mí tú sangre. Y caigan 

todas las estrellas para alumbrar el camino. 


Estuve pegando algunos trozos descosidos

sobre este viejo cuerpo. Mirando 

hacia dentro muy despacio y en silencio. Aprendiendo 

a no esperar lo que no llega, 

a no correr más sin sentido. 

Y he vuelto a no enterrarme cada noche 

en un charco de mentiras. 


Ahora, tropiezo y miro al cielo. 

He aprendido a perdonarme. 


Y guardo la desgana, sorteo 

trampas cotidianas a modo de amenazas contra esta debilidad tan fuerte

pero tan mía. 


Intento hacerlo bien. Y parece que funciona; 

cada vez leo mas y escribo menos. 


Ya no pesa lo que pesa. 

Ya no duele lo que duele. 

Ya no espero lo que espero. 


Ya no. 


Es triste pero sincero. Ya no sabré quedarme

donde nunca supe estar. 


viernes, 12 de junio de 2020

QUIZÁS TODAVÍA NUNCA


Sé que te asusta un futuro en el que no exista. Que piensas
algunas noches
en borrar las manchas que nos separan, cambiar
los hábitos y los Dioses
y comenzar de nuevo a cometer viejos errores.

Te supongo, fumando sobre el balcón mientras la noche te mira.
Tan lejos
como la última vez.

Qué hubiera sido de nosotros sin promesas. A quién
hubiésemos culpado esta vez de nuestra derrota.
Si nada hubiese sido todo otra vez.

Las manos vacías ahora.
Pero estará en mí tu sangre como la luna en la noche. Y quedarán siempre
libres baldosas que pisar sin miedo ya
de volver a hacernos daño.

No olvidaré el dolor, mi amor,
ni tu mano y mano formando una hilera de sueños enfrente nuestro.
Pero antes de convertirme en aquel que siempre buscas
necesito saber quién soy.

Volveré
cuando la arena
vuelva a ser castillo.

domingo, 1 de marzo de 2020

SIN TÍTULO

Hoy
en mitad del camino a la escuela
un perro temblaba como una hoja tirada por el viento.

No tenía nombre
ni dueño
ni casa.

Podría haberse llamado Klark, Milú o Jacky,
fatigarse en largas llanuras verdes tras el rastro de una pelota
o un palo.

Echarse a los pies de una cama en invierno,
mojarse el morro de olas y sal en verano.

Hubiese podido acompañar a cualquiera de nosotros
en este inmenso túnel de soledad que atravesamos,
empujarnos a salir allí afuera aunque llueva y
obligarnos a tener razones para regresar a casa,
hacernos entender, al fin, cómo funciona el amor
y la espera.


Pero lo miro agonizando,
temblando tirado en el suelo
con el miedo de quien piensa que todo hiere y nada sana
sin poder ya sostenerse
ni confiar.
Con un ojo cerrado
y las fuerzas justas para llorar.

Y me mira como si me perteneciese su angustia,
como si el veneno que tiene
fuese mi culpa
y dejase en mis manos las responsabilidad de curarle.

Pero empieza a ser tarde
y nadie le echará en falta.

Y aunque me duela su agonía y sufrimiento,
aunque lo intente y nada funcione,
aunque la gente no logre ya siquiera verle
me duele infinitamente más
pensar
que la única caricia que ha recibido en toda su vida
fue

después de muerto.





jueves, 20 de febrero de 2020

THE SHOW MUST GO ON


Ataques de pánico,
culpa
fobia social
ansiedad
insomnio
tentativas de suicidio
odio, ira, malestar,
depresión
pastillas
alcohol
cárcel
multas
represión
pero todavía no sé cómo se llora a una madre perdida.


Ojos que no se abren
puñaladas
heridas
infidelidaz
y hospitales
cuidando a mi hermana
de quitarse la vida,
pero nunca he crecido
con silencio en mi casa
ni hambre ni peste
ni tíos adictos el crack que disfruten violándome.

He sido estorbo
inútil
decepción
y cuando el espejo del pasado me ha mirado fijamente algunas noches
he visto rencor y tristeza,
no orgullo
ni medallas.

Y aunque sepa de memoria cuál es el camino más largo hacía el olvido
a qué sabe no quererse
y el tacto húmedo de una sombra que no se va,
algunos días,
el daño también concede treguas, perdona, se aclara
y quiero amar apasionadamente la vida y sus estorbos.

me digo

alguien tendrá que cargar con la responsabilidad de tanto dolor repartido
que convertir la sangre en lecciones
algo quedará que no hiera después de todo.

Y me echo a cuestas el mundo
me enderezo
me vuelvo aprendiz del llanto
y sonrío
como quien tira confeti en un funeral interminable.


NADA

Llegué tarde para fumar marihuana en el Woodstock
y embarrarme los pies.

Nunca fui a Oxford
Cambridge ni a la guerra de Vietnam.

No lancé cockteles molotov contra Pinochet
ni contra Franco,
ni siquiera pude llamar hijo de puta a Hitler en Reichstag
antes de que se consumiera como judíos en sus cámaras de gas.

No he perforado el cráneo de ningún semejante
con cualquier arma
en cualquier guerra
por ninguna razón coherente.

Podría haber sido el hijo de cualquier noble,
convertirme en doctor, astrólogo o académico
de la lengua,
perfilar palabras hasta pulcrar el lenguaje
hablar
sobre la importancia del tono, la cadencia, el ritmo, la buena ortografía...
o dar aburridas conferencias sobre como Verlaine cogió neumonía en los suburbios de Francia
dando por el culo a Rimbaud,
pero tampoco.

Fue un reloj roto y mi insomnio quien golpeaba mi cuarto a la madrugada
y no la balacera constante de la Fabela de Roncinha.

Mis manos
no ayudaron a poner cuerdas en cuellos de estatuas
que merecían ser sólo piedra.
Ni acariciaron con lástima
la espalda recostada de las madres que entierran a sus hijos.

Nunca lloré por el páncreas destruido de mi padre
ni tuve que ver pedazos de mis hermanos repartidos en la alambrada.

Las veces
que corrí delante de la policía
no tuve miedo de morir ahogado en mi propio vómito.

No miré con lástima y lejanía
ningún país desde el exilio .
Ni comí sopas de ajo
mientras bombas traspasaban niños a mi alrededor.


Entonces.
cómo es posible este daño
esta descarnada herida pudriéndose como ponzoña ante mi,
dejándome ausente,
este reguero de ausencias
este agujero tan profundo
esta pena tan sucia y malgastada
esta vida tan mía
y a la vez
tan de todos.

Cómo es posible esta desgana escondida en la rutina,
esta continuidad de nadas,
este vacío.

Qué sentido tiene todo este circo que he construido a mi alrededor
qué orgullo habrá detrás cuando todo esto termine
y cuenten más de mí las páginas en blanco
que aquellas emborronadas.

Qué quedará de todo esto
cuando, al fin, se cierre el libro
y no haya más que polvo

sobre mi tumba.

domingo, 16 de febrero de 2020

IMPOSIBLE

Yo tampoco quise ser tanto
ni para tanto.

Sólo un recuerdo del que sentirse orgulloso
cuando el telón se cierre
y no quede nadie para aplaudir este absurdo intento de intentos que protagonizamos.

Un sonido
que te haga recordar que hubo días menos vacíos
y una mano que te amó sin preguntas
ni abandono.

Nunca esperé ser más
de lo que tu quisiste.
Ni menos
de cuanto entregué.

Y, sin embargo,
las miradas tan puras y limpias
los silencios cargados de complicidad
y cada pequeño gesto de inmortalidad que te regalé
parecen hoy nubes que nunca existieron
en un cielo donde aprendí a volar.


Y no llego, no quiero,
no alcanzo a entenderlo.

Es imposible.


Me niego a creer que correrme en tu pecho
fue lo más cerca que estuve
de tocarte

 el corazón.



XV

"La tristeza es causada por la inteligencia. 
Cuanto más entiendes ciertas cosas, más desearías no comprenderlas."

Charles Bukowski. 




Esas cosas pasan.

Un día te levantas sin saber quien eres.

El teléfono suena para decirte que no te quieren.

Sales a media noche buscando a tu chica
mientras ella besa a otro.

Se muere tu abuela cuando no te viene bien.

Tu hermana se envenena con un bote de pastillas
por un imbécil al que ya no le importa que lo haga.

Apenas te habla tu padre y tu madre
te echa tanto de menos que no sabes cómo volver.

A veces, te sientes solo
y lloras una pena honda y larga
que parece no cerrarse nunca.

Las cosas se te caen de las manos

pierdes a tus amigos de siempre

no sabes cómo llenar los días

y sobrevives las noches.


La ansiedad te muerde el cuello

la droga se lleva a otro

y no llegan los mensajes
las ganas
ni los sueños
por los  que pacientemente esperas.



Pero esas cosas pasan, me digo, me cuento, me repito,

intentando, al fin, creérmelo.